Una leyenda del cine, Shirley MacLaine, interpreta a la leyenda de la moda Coco Chanel.
La fórmula parecería infalible y sin embargo hace agua.

Shirley interpreta a Coco en la época en que busca resurgir en el mundo de la moda, en los años ‘50, tras largo tiempo fuera del circuito. Continuos flashbacks nos muestran, sin embargo, a la joven Grabrielle…
Y esa joven Gabrielle (Barbora Bobulova) es una criatura demasiado ingenua, optimista, inocente, y “buena” como el puritano público norteamericano necesita que sea. A ella las cosas le pasan, se resigna y se las arregla lo mejor que puede. Con el tiempo se va haciendo cada vez más fuerte y emprendedora, pero siempre bajo el ala de un hombre.
Hacia el final surge un intento por unir a esa frágil Gabrielle con la madura personalidad de Coco. Un intento torpe y melodramático, de esos que pretenden de un golpe explicarlo todo. Ni siquiera una actriz como Sirley MacLaine puede rescatarnos de ese fiasco.

Caeré en un lugar común pero, como siempre, me quedo con la versión francesa.

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